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Cómo ayudar a un familiar o amigo a emigrar a Canadá

Algunas alternativas para apoyar casos de inmigración y puedan conseguir la residencia canadiense

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Hoy, leyendo algunos comentarios en el foro de consultores de inmigración me encontré con uno que hablaba del dolor que sintió un consultor de inmigración al sentarse con una solicitante de refugio para preparar la lista de documentos que se presentaría como evidencia en el caso. Esta mujer, quien se encontraba con sus dos hijas pequeñas en la oficina del consultor, le explicaba que cuando niña fue mutilada sexualmente. 
 
Sobra decir que el consultor en su comentario se enfocó más en agradecer el ser canadiense y en que esta familia de tres mujeres estuviera ahora a salvo de sufrir la misma suerte que su madre, que en hacer pública la historia de su cliente.
 
Leyendo en las páginas de Facebook comentarios sobre inmigración he encontrado de todo, comentarios que apoyan a quienes llegan a Canadá, sea cual sea el programa bajo el que lo hagan, comentarios agresivos contra quienes “vienen a quitarnos lo que es nuestro por derecho”, y comentarios que se quejan del sistema de inmigración por considerarlo laxo. 
 
Otros que definitivamente van en contra de todo lo esperado e invitan abiertamente a quienes quieren venir a Canadá a “fabricar sus casos”, pedirle a alguien que le “haga el favor” de darle una oferta de trabajo o de casarse o conseguir una carta de referencia que cubra el tiempo requerido por el gobierno para dar puntos por experiencia laboral etc.
 
Como dirían las abuelas en Colombia, de todo se ve en la viña del señor y todos tenemos derecho a tener nuestra propia opinión. Y es, basado en este precepto, que ofrezco la mía. A quienes apoyan los inmigrantes independientemente de cual sea el programa por el que han llegado: gracias, gracias por abrir las puertas de un Canadá que para muchos de nosotros era un sueño hasta hace pocos años y que obviamente quienes llegamos consideramos que es un país que nos ofrece más posibilidades de tener una mejor calidad de vida que en el que nacimos. A quienes apoyan a los Refugiados, doble gracias, porque con su apoyo han salvado la vida de muchas personas. Literalmente, han salvado vidas.
 
A quienes piensan que los que recién llegamos (y me refiero con esto a los que no nacimos en Canadá) venimos a “quitarles lo que les corresponde por derecho” quiero decirles que integrarse al sistema de vida de un país no es fácil y que quienes lo hacemos lo logramos con esfuerzo dedicación y entrega. La gran mayoría de los que llegamos venimos a dar lo mejor de nosotros y es con esa idea en mente que volvemos a estudiar o volvemos a empezar nuestras carreras desde abajo, con la frente en alto y soñando con el futuro que queremos para nosotros y nuestros hijos.
 
A quienes piensan que el sistema es laxo, los invito a que revisen las leyes de inmigración. Cuando hace algunos años un ex ministro de inmigración dijo que con los cambios que él había hecho esperaba recibir en Canadá los mejores y los más brillantes no estaba exagerando. 
 
Para cumplir con los requisitos de las leyes de Inmigración Canadiense hay que ser muy bueno en lo que se hace, altamente preparado y estar listo para integrarse al sistema canadiense, de lo contrario el candidato no cumple con los requisitos de los programas de la categoría económica. En cuanto a patrocinios de padres y abuelos, además de tener que demostrar que se contribuye económicamente al sistema canadiense hay que demostrar que se tiene un excelente salario, en otras palabras, que se es exitoso.
 
Y a quienes condenan el programa de refugio, piensen solamente en las dos niñas de las que hable al principio de este artículo, en los colombianos perseguidos, secuestrados y extorsionados por grupos de extrema derecha o de extrema izquierda; en los venezolanos discriminados, amenazados y perseguidos por ser opositores del gobierno; en los mexicanos que se encuentran en una guerra cruzada entre carteles del narcotráfico; en los sirios acosados por una guerra que o tiene fin; en las mujeres maltratadas por sus parejas o esposos en cualquier parte del mundo o en lo homosexuales a los que se les niegan sus derechos en sus países. Personas que corren riesgo, independientemente de donde sean por su raza, religión, género, opinión política o por pertenecer a un grupo social en particular.
 
Y a quienes quieren ayudar, quiero decirles que hay muchas formas de hacerlo sin tener que recurrir a “montar casos” o exagerar realidades. Hay muchas formas de apoyar casos de inmigración. Por ejemplo: 
  • poner en contacto a quien quiere venir con empresas en el medio en el que él/ella se desenvuelve para que obtenga una oferta de trabajo real; 
  • si es una familia que se encuentra en riesgo, buscar el grupo de cinco residentes o ciudadanos canadienses para hacer el patrocinio (en casos de refugio);
  • pagar por un curso de inglés (o francés) para ayudarle al familiar o amigo a mejorar las opciones de ser invitado a aplicar para residencia; 
  • recibir en casa al familiar o amigo mientras estudia para que la carga económica sea más fácil de llevar para él/ella.
Ser canadienses o residentes permanentes no es un derecho, es un privilegio del que gozamos muy pocos y el hecho de haber alcanzado nuestro sueño no nos da el derecho de atacar a quienes lo persiguen, porque en términos generales los inmigrantes aportan más de lo que quitan al sistema. Y para quienes reconocen el valor de los inmigrantes, de nuevo gracias, en nombre de los 305,000 que llegamos a Canadá cada año.
 
Claudia Palacio., RCIC
ICCRC R 416911
*Claudia Palacio es Consultora de Inmigración Certificada y colaboradora de este semanario. Pueden
dirigir sus preguntas a [email protected]
 

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