5 lecciones que aprendí buscando mi pasión

Cada uno elige el camino que seguirá en la vida, pero nunca es tarde para crear tu propio camino
Toronto · Publicado el: 27 agosto, 2014

Era un viernes de septiembre hace un par de años, me sentía valiente porque la fiesta del Grito de Dolores que estaba organizando pintaba prometedora, y ya habían pasado unos cuantos largos meses que no aguantaba más mi trabajo. Tres meses antes de aquel día, había empezado un pequeño negocio organizando fiestas latinas y me iba bastante bien hasta la fecha. Ese negocio me abrió los ojos a la cantidad de oportunidades que había para trabajar y emprender en esta ciudad. Ese mismo viernes, me tomé una cerveza con mi jefe al terminar el día y renuncié a mi trabajo de ingeniería. Esa ha sido la decisión más importante que he tomado en mi vida y seguramente la más drástica, porque desde ese entonces emprendí en un camino completamente distinto al que caminaba antes, ¡que me ha llevado a vivir experiencias inolvidables e irremplazables! 


La semana pasada hablé de los trabajos de molde, de cómo perdemos nuestra propia identidad al tratar de conseguir “el trabajo ideal”, y de las fallas del sistema educativo que nos disuaden de perseguir nuestros sueños profesionales si estos no encajan con alguno de los moldes “aceptados por la sociedad”. Me burlé de cómo nos mentimos a nosotros mismos para poder encajar en alguno de esos moldes, y me burlé de lo falsos que son algunos procesos de reclutamiento profesional. Al final, ofrecí compartir las lecciones que he aprendido dejando mi carrera y nadando en contra de la corriente y, ¡lo prometido es deuda! 


Me acuerdo cuando a finales de los noventa, en la época en la que mis hermanas estaban terminando el colegio, todavía ofrecían cuatro especializaciones académicas en los dos últimos años de bachillerato: Químico Biólogo, Físico Matemático, Sociales y Secretariado… Repito, Secretariado. Puede que el mundo haya evolucionado significativamente en los últimos años, sin embargo, es muy difícil cambiar la mentalidad de una sociedad que hace sólo 15 años todavía pensaba que las mujeres tenían que aprender taquigrafía antes de entrar a la universidad.


La realidad es que América Latina sigue siendo retrograda en muchos aspectos, por ejemplo, es muy común que te aconsejen que te hagas Ingeniero, Abogado o Doctor, así no pienses ejercer ninguna de esas profesiones, sino sólo porque son profesiones respetables. Estos tipos de esquemas ridículos son los que mi generación ha tenido que romper poco a poco y reemplazarlos con nociones como: “no pierdas tu tiempo haciendo algo que no te llena, porque el tiempo es lo único que nunca vas a poder recuperar, ¡entonces no lo desperdicies!”.


A mí me tocó aprender eso a la brava, ¡por pendejo! Cuando tuve que decidir lo que iba a estudiar, estaba muy ocupado siendo adolescente. Me metí a ingeniería en parte porque mi papá es ingeniero y en parte porque creía que los ingenieros eran unos ¡duros! Cuando llegué a la universidad, no tuve clases específicas de ingeniería hasta mi tercer año y para el momento en el que sospechaba que eso de la ingeniería no era lo mío, ya había invertido en dos años enteros de universidad como para empezar otra carrera desde cero. La realidad es que tenía miedo de empezar otro programa, invertir un montón de plata, y que tampoco me gustara, entonces decidí terminar la carrera que había empezado y lidiar con las consecuencias después. 


Graduado y con título en mano, las cosas no se pusieron más fáciles. Tuve que buscar trabajo en un campo con el que no me sentía muy identificado y en plena recesión; me costaba muchísimo “venderme” bien a cualquier empresa porque no estaba muy convencido de mis propias metas. Finalmente, después de cuatro meses, conseguí un trabajo en una buena empresa y en un buen proyecto. De repente, tenía un título, un sueldo fijo y los bancos me llamaban incesantemente a venderme tarjetas de crédito, debo admitir, ¡se sentía bastante bien! Era rico llegar a la casa y no tener que hacer tareas, poder salir con tu novia a cenar a un buen lugar un par de veces por semana, y poder pagarte un par de viajecitos al año. Pero como todo en la vida, ¡lo bueno no viene gratis! Entre las 10 horas de trabajo diario, las 7 horas de sueño y las 2 horas de viaje al trabajo, me quedaban entre 5 y 4 horas para hacer un poco de ejercicio, comer, cocinar para el día siguiente y, si había tiempo, ver una película. La clave es que si en esas 10 horas estás haciendo algo que te llena, ¡tu vida tiene mucho sentido!, pero si no es así, tu vida se vuelve una sala de espera, y la mía, era una sala de espera.


Después de dos años y medio de vivir esa rutina asfixiante, después de hartas horas pensando “¿esto es todo en la vida?”, y después de meses de pasar el 80% de mis días en el trabajo soñando despierto, llegue a aquel viernes de septiembre. Desde aquel viernes he pasado momentos difíciles, he emprendido y fracasado, he tenido meses que no he sabido cómo voy a pagar el alquiler  y he tenido muchas discusiones con gente cercana que se preocupa mucho por mí. Pero también desde aquel viernes de septiembre, he conocido a la gente más increíble y positiva que podría haber imaginado, he creado y ejecutado sueños que he tenido toda mi vida, he vivido experiencias de felicidad tan intensas que me han hecho llorar, he tenido conversaciones muy profundas con gente que nunca hubiera conocido en otras circunstancias, he creado mis propios valores y principios, y he aprendido a depender muchísimo menos del dinero. Lo mejor de todo, ¡es que esto sólo empieza y estoy seguro que me falta muchísimo más por aprender!, pero hasta ahora, las siguientes son las lecciones más importantes que he aprendido en este proceso y espero que les sirvan a todos los que se identifican con mi historia. 


Si no tenemos un balance emocional, nos enfermamos de depresión o estrés.

Necesitamos reír con nuestros amigos, sentirnos productivos en el trabajo, tener proyectos y metas, estar con nuestra pareja y tener tiempo a solas para pensar y descansar la mente. Son algunas de las necesidades más básicas del ser humano y yo creo fundamentalmente que sin esa diversidad de emociones, nos enfermamos de depresión o estrés. No creo que sea algo que se cura con medicamentos, sino algo que se cura alimentando la mente de lo que necesita sentir para funcionar. Si alimentamos la mente de aburrimiento, largas horas detrás de una pantalla, y el estrés del tráfico o estar metidos como sardinas en el metro, ¡obvio nos vamos a sentir mal! ¡No estamos diseñados para eso! La idea no es ir al trabajo a resistir las 10 horas que nos toca estar ahí metidos, la idea es disfrutar esas 10 horas, tener una relación saludable con nuestros colegas y crecer profesionalmente aprendiendo cosas nuevas. 


Está bien tener miedo, pero no hay que entrar en pánico.

Tomar decisiones drásticas en la vida no es fácil y, como todo lo difícil en la vida, estas decisiones generan miedo y ansiedad. El miedo puede ser un buen motivador, pero también puede ser disuasivo para el emprendimiento. Como dice el dicho del dinero, es un excelente ciervo pero muy mal amo, pues el miedo es exactamente igual; si no se controla, se convierte en pánico. Me tomó mucho tiempo entender cómo manejar el miedo, y estoy seguro que todavía me queda mucho por aprender pero al menos aprendí la importancia de controlarlo y tomar decisiones con cabeza fría. Para mí, tomar decisiones es un acto emocional e intelectual al mismo tiempo; es un proceso basado en intuición y percepción, pero complementado por el razonamiento. 


Acepta que no te conoces tan bien como pensabas.

¡Que sabrosa es la vida cuando no lo tienes todo descifrado, cuando no sabes cuál será tu próxima movida profesional o personal, y cuando no sabes que te depara el futuro! El mundo te enseña que debes tener todas las respuestas, de hecho muchas empresas te lo exigen. ¿Qué es lo primero que te dicen todos los asesores profesionales?, sé asertivo, demuestra a las empresas que sabes lo que quieres, da respuestas cortas pero efectivas, y una larga lista de consejos de caja de cereal que lo único que hacen es ocultar tu propia personalidad. Por esta mentalidad, estigmatizamos la ignorancia, pero no nos damos cuenta que ésta es una de las cosas más fundamentales de la naturaleza humana. Está bien no tener todas las respuestas, está bien no saber qué vas a hacer en 5 años, y definitivamente está bien estar perdido porque es gracias a estos sentimientos, que nos motivamos a buscar más respuestas e innovar con nuevas ideas.



Mi mamá siempre me dice que cambio mucho de opinión, y antes eso solía afectarme mucho porque creía que era algo que estaba mal, pero hoy pienso todo lo contrario; el cambiar de opinión es producto de una vida llena de emociones y experiencias diversas. Cuando vives una vida mundana y te expones a lo mismo todos los días, tus percepciones se mantienen iguales; en cambio, si vives una vida diversa llena de nuevas experiencias, es normal que cambies de opinión porque vas a experimentar y aprender cosas diferentes todo el tiempo. Poco a poco, vas formando tus valores y principios en base a tus experiencias y a las personas con las que compartes tu vida. Es un proceso… nada más. No te juzgues a ti mismo, ¡disfrútalo y aprende de él!


Los pequeños detalles, son enormes. 

No deja de impresionarme como las cosas más pequeñas y aparentemente insignificantes, pueden hacer una diferencia tan grande en la vida. Desde hace un año y medio, religiosamente tiendo mi cama apenas me levanto, no sacrifico ni un día, así este con la resaca más brava. Conecto mi teléfono a unos parlantes de computadora viejos que me compré en mi primer año de universidad, y que todavía suenan duro, y pongo mi canción favorita del momento (ahorita es Prófugos en vivo en la gira Me Veras Volver de Soda) y tiendo mi cama. Esos 3 minutos que invierto cada mañana, pagan un retorno exponencial cuando regreso a la casa y me lanzo sobre mi mini paraíso de sábanas frescas y almohadas frías, ¡que delicia! Disculpen si les antoje de sueño con ese último párrafo, pero no deja de impresionarme lo feliz que me hace ese detalle tan mínimo. Como ése, mi vida está llena de detallitos que me dan felicidad y que al final del día reemplazan otras cosas. Por ejemplo, antes de renunciar sentía la necesidad de comprarme cosas nuevas muy a menudo, en cambio, ahora que hago cosas en la vida que me llenan mucho más, ir de compras se ha vuelto un trámite molestoso. Hoy en día para meterme a un mall tengo que ir arrastrado; mi lema es, ¡zapato sin hueco, no pasa de moda! Creo que por eso Steve Jobs siempre se vestía igual, cuello de tortuga negro con jeans, ¡infalible! El punto es que cuando estás feliz con lo que haces, te hacen menos falta las riquezas materiales, y valoras más los detalles que te dan emociones positivas. 



Aléjate de las personas que te juzgan y te asfixian con negatividad, júntate con las personas que te motivan a crecer.

La vida es muy corta para desperdiciar tu tiempo con gente negativa. Para mí, una de las cosas más importantes en el trabajo es lidiar con gente positiva que aporte a mi crecimiento personal y profesional con buena energía. ¿Alguna vez han trabajado con alguien con quien tienen mucha química? Los que sí, saben muy bien la diferencia que hace trabajar con alguien que te motiva a rebotar ideas, que te reta a mejorar, y que complementa tus habilidades con las suyas. Esas relaciones positivas son las que fomentan la creatividad, la innovación y la felicidad, que a la final, ¡es lo más importante en la vida! 


Filosofía Urbana

Diego Hidalgo Saa

Graduado en Ingeniería Civil, Diego Hidalgo se apasiona por el desarrollo de las ciudades, las comunidades modernas y el diseño urbano. Diego compartirá su opinión acerca de la actualidad política, social, económica y cultural de Toronto.

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