La Caravana de la Esperanza: ¡Hermano dame tu mano!

Toronto · Publicado el: 7 noviembre, 2012

Hoy es  un día un poco oscuro, lluvioso y muy triste, pero no dejo de hacer mi oración de rutina. Converso con El Dios de la Vida, me lleno de esperanza y recuerdo en mi oración como de costumbre a quienes más necesitan de amor, pan y justicia en la tierra.



El viernes 2 de Noviembre del 2012 se celebra el día de los difuntos, es momento para recordar a nuestros santos y en especial a nuestro santo de las Américas  Monseñor Oscar Arnulfo Romero y junto a él a muchos obispos, sacerdotes/as, misioneros/as, laicos, presidentes y lideres que siguen comprometidos con las necesidades, tanto espirituales como materiales de los mas excluidos, en cualquier rincón de la tierra.


En mi reflexión del día, recuerdo la canción de los difuntos, un san juanito de Riobamba-Ecuador que dice: “Por almita hay como sufro lloro y canto. Por almita hay chuma y chorrea el corazón. Platita guardadita trabajada con azadón. Se va en mi coladita y en mi pan sin sabor. Colada morada con huahuas de pan. Los muertos muertos están. ! Y los vivos carajo cuando se levantarán!


Minutos más tarde subo y abro la puerta del cuarto de mi Manuelita que duerme profundo junto a su angelito Dominic. Los dos son indescriptibles en su sueño y en sus rostros angelicales siento el silencio de una aurora contemplativa. Les doy mi bendición y salgo caminando en puntillas para no despertarlos. Salgo de mi pequeña estadía con un poco de frío rumbo a la parroquia, allí me esperan un grupo de intrépidos amigos solidarios.


Ahora nos preparamos para viajar rumbo a London, Ontario para recibir un milagro más de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Hace un mes entramos en contacto con un amigo que se llama Gary, no sé quién es,  solo llevo la ilusión de sus palabras cuando me dijo “Padre conozco de tu trabajo a través de uno de mis empleados, el es salvadoreño y me habló de la pastoral de la parroquia San Lorenzo y aquí tengo 117 camas de hospital y 75 colchones” ¿Las necesitas?  ! Por supuesto!  Respondí.


Así que hoy vamos a conocer a Don Gary y agradecerle en nombre del pueblo salvadoreño y Tata Oscar.


Cuando son las 8:30am llego a la parroquia, me están esperando los amigos. Don Ernesto ha rentado un vehículo y  vamos rumbo a London, junto con Don Víctor, Mama Pili, y un amigo mecánico retirado de la TTC Rob.


Iniciamos con la primera transmisión en CHHA 1610 AM, para agradecer a nuestra comunidad hispana por su apoyo emocional y humanitario. Es muy importante comunicarnos y compartir nuestras experiencias, para seguir construyendo una cultura de solidaridad.

Después de la entrevista en CHHA 1610 AM, recibo una llamada de la Sra. Elizabeth, quien viene junto a Don Arcadio, Reyna y Zulema para apoyarnos en esta locura humanitaria. Más voluntarios de Toronto se van sumando a esta pequeña caravana de la esperanza.


Hemos recorrido dos horas y media con poco tráfico, siento el olor a campo verde, el colorido místico del otoño y el silencio de miles de árboles desnudos.


Estamos a 170 kilómetros al norte este de Toronto y aun se escucha la voz nítida en la programación Radial  de la “Voz de la comunidad”. No tenemos el mapa del lugar al que tenemos que llegar, pero sí la dirección, Rob nuestro amigo canadiense usa el internet de su celular y desnuda la ruta que debemos tomar al destino final.


En un lapso de media hora llegamos al lugar recomendado. Aquí nos espera el hijo de Don Gary. ¡Llegamos muy temprano!... el primer container llegará a las 12pm para cargar las camas y los colchones.


Media hora más tarde llega Don Gary, un hombre alto pero con una sonrisa dulce en sus labios. Nos presentamos y con mucha ilusión no nos cansamos de expresarle nuestra gratitud. Tras el vehículo  llegan  mas  voluntarios para ayudarnos en esta gran faena solidaria. Entramos en la bodega y nos llenamos de ilusión al ver la cantidad de camas de hospital casi nuevas, muy prácticas y urgentes para ser usadas en El Salvador.


Iniciamos nuestra conversación muy espontáneamente con Don Gary, como que si algo nos uniera. Y realmente lo que nos une, son las experiencias básicas, la escuela de nuestros padres, basados en el respeto profundo de los valores humanos. Don Gary dice “Yo soy un campesino y lo que mis padres me enseñaron junto a la tierra es lo más precioso”. Mientras continuaba contando su experiencia de trabajo  decía: “Hay personas que viven en la ciudad a una distancia de cuatro casas por años y no se conocen, mientras que yo conozco a todos mis vecinos que viven alrededor de mi finca”.


Hablábamos de la importancia de la comunicación y la solidaridad. Momentos muy enriquecedores, de pronto llegó su esposa junto a un joven que había preparado un delicioso chile (frijoles con carne, hongos, cebollita y más condumios).


Son las doce del medio día y va llegando el primer container de cuarenta pies de longitud. Hasta este momento contamos ya unos 25 voluntarios, la bondad ha crecido espontáneamente y como hormiguillas naturalmente vamos organizándonos para empezar a llenar el container con las camas y los colchones. Unos entran y otros salen del container, jalan y empujan las camas que tienen unas ruedas para ser transportadas al interior del container, mientras los más fuertes van organizando en filas de seis camas hasta ir llenando todos los espacios. Y en menos de una hora estuvo lleno el gigante cajón metálico.


Es la una de la tarde y la esposa de Don Gary invita a todos a que participemos y comamos el delicioso chile (plato de frijoles con carne), esto sí que es un banquete. Que delicioso es comer con hambre y después de una buena jornada...


Son las dos de la tarde y llega el segundo container, este es más pequeño y aquí sí hicimos el milagro de meter todas las camas que sobraban junto a muchos colchones. El esfuerzo comunitario es invencible, se siente esa energía transparente, el espíritu humanitario, diría la presencia del Espíritu Santo en la nobleza de todos los voluntarios. Finalmente terminamos de llenar el segundo container y se puso el sello (una llave) para que lo abran en El Salvador. Se hizo realidad un milagro más de Monseñor Romero a través de uno de sus hijos, un joven salvadoreño llamado José, quien recomendó a Don Gary a que esta donación fuera canalizada por medio de la Caravana de la Esperanza y enviada  al pulgarcito de América o la patria de Tata Oscar Romero.


Son las tres y media de la tarde y es momento de despedirnos. Es difícil despedirse de las personas nobles y cuesta decir hasta luego, cuando uno encuentra puntos afines en los caminos del Dios de la Vida.


Pero hay que continuar con nuestro jornal, y antes de salir de la bodega decidí llamar a todos para expresarles nuestra profunda gratitud en nombre de las personas más excluidas de El Salvador. Con mucha humildad nuestra gratitud fue recibida y se veían lágrimas en los rostros de nuestros nuevos amigos.


Lágrimas de nuevos corazones llenos de esperanza, lágrimas para engrandecer los oasis secos de miles de niños abandonados, lágrimas para enjuagar nuestros sentimientos, lágrimas para humanizar y re humanizar, lágrimas para inspirar y no perdernos en las rutas de nuestro Cristo histórico cuando nos dice: “Tuve hambre y me diste de comer, estuve desnudo y me vestiste, estuve triste y me consolaste, fui forastero y me recibiste, estuve enfermo y en la cárcel y me visitaste. Lo que has hecho con cada uno de los más insignificantes lo has hecho conmigo”.


Finalmente embarazados de gratitud compartimos abrazos apretones de manos y con nuestro silencio místico, retomamos a nuestros espacios, con un: ¡Dios les pague y hasta pronto!


La tarde nos acompaña de regreso a casa, rumbo a Toronto. Y junto a nuestro cansancio laten nuestros corazones llenos de nostalgias, satisfacciones, alegrías y solidaridad en abundancia. ¡Que Dios les pague a toda la comunidad, por acompañarlos en una locura más de la esperanza, expresada en un milagro más de Tata Oscar Romero!.


 


Publicado: 7 de noviembre, 2012

Fotos y Texto: Padre Hernán Astudillo